Andalucía, las dos derechas y el frentismo meridional
Por Carlos Mármol — Portada

Andalucía, las dos derechas y el frentismo meridional
Cuadernos del Sur
11/09/2026 06:00 Actualizado 11/09/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
La política española vive instalada en una interminable campaña electoral. Se debe a un calendario marcado por constantes convocatorias a las urnas (locales, autonómicas, generales y europeas) y al hábito –vicioso, porque impide prestar atención a lo trascendente en favor de lo conveniente– de los partidos políticos, que persiguen la conquista, conservación o extensión de su poder institucional antes que atender al debate ideológico, concebido como un simple instrumento táctico, o concentrarse en la gestión.
Andalucía, que este 11-M votó la nueva composición de su Parlamento –ya sin mayoría absoluta del PP–, está inmersa, con el inicio del nuevo curso político, en un preludio extendido de las siguientes citas electorales: las municipales y, antes o después de éstas, las trascendentales generales.
La estrategia partidaria de las dos derechas –PP y Vox, convertidos ahora en socios de un inédito gobierno de coalición– ante ambas convocatorias es el factor que guía al gobierno de la gran autonomía del Sur.

Los partidos que sustentan la nueva mayoría parlamentaria en Andalucía no son, salvo a efectos escénicos, los pilares parlamentarios en los que se asienta el poder del ejecutivo, sino las vanguardias del poder institucional.
La prueba es que, tras tomar posesión, el equipo que lidera Moreno Bonilla se limitó a nombrar a sus altos cargos y al personal de su confianza antes de desconectar por las vacaciones. PP y Vox retoman este septiembre el ciclo de su segunda cohabitación, la primera en términos institucionales –no deseada por el primero, ambicionada por el segundo– y lo han hecho uniendo sus instrumentos políticos y su influencia social como oposición (institucional) contra Sánchez, el PSOE y sus (todavía) socios políticos
Conscientes de que todo el juego de la oposición (de izquierdas) en la cámara legislativa de las Cinco Llagas va a consistir en resaltar sus inevitables divergencias, que a priori son el mayor elemento potencial de desgaste del Quirinale, San Telmo y la Casa Rosada –sede de la macroconsejería que encabeza Manuel Gavira (Vox)– parecen haber pactado la configuración de un frente reivindicativo contra la Moncloa.

La coincidencia tiene cierta lógica dado el actual momento político, donde convergen cuestiones como la crisis de soberanía de Ceuta, la tramitación (parlamentaria) del nuevo sistema de financiación autonómica o los frentes judiciales a los que se enfrenta el sanchismo, ya sea por temas como la catástrofe ferroviaria de Adamuz o por los casos judiciales que afectan al entorno político y familiar de Sánchez y algunos de sus fieles, como María Jesús Montero, exvicepresidenta y portavoz del PSOE en Andalucía.
No es casual que el presidente de la Junta, con mayor intensidad que Vox, sea quien encabece esta estrategia crítica, contaminada por una indudable vocación frentista. El PP andaluz sabe perfectamente que, antes o después, o tendrá que plegarse a las exigencias de Vox –ya lo ha hecho al rubricar el pacto necesario para la investidura– o disentir de sus propuestas para intentar salvar una parte del recuerdo de su pretérito perfil centrista.
Lee también

Andalucía y el largo otoño de la cohabitación
Carlos Mármol

La Andalucía irredenta, medio siglo después
Carlos Mármol
Esta segunda opción tiene indudables costes políticos: posible pérdida de la mayoría y una situación de bloqueo parlamentario. Un lujo que, sin unos presupuestos aprobados, todavía no puede permitirse el Gran Laurel del Quirinale. El PP andaluz no tiene pues más remedio que adaptar su vía andaluza a la aritmética parlamentaria y a un contexto estatal tormentoso tras la invasión de Ceuta y la cercanía de los comicios locales y generales.
La tensión ambiental va a subir. Y, en esta coyuntura, San Telmo cree que le es más favorable utilizar su influencia institucional y orientar su discurso en la misma dirección de Génova a mantener un perfil político propio. Vox va a replicar en Andalucía –y ahora además desde la Junta– la hoja de ruta escrita por la calle Bambú, sede de la dirección del partido ultra.
El Quirinale está forzado a hacer exactamente lo mismo –aunque lo vista a su manera– ante el riesgo de que los ultramontanos capitalicen la iniciativa política y Moreno Bonilla se vea desplazado por la discordia ambiental.

Así debe entenderse que el presidente de la Junta, que con el final de su mayoría absoluta ha perdido también su identidad diferencial, vaya tomando distancias con el gobernante que él mismo era hasta el pasado mes de mayo en asuntos como el narcotráfico, la catástrofe de Adamuz, la financiación regional –pactada entre el PSC y ERC e impuesta al resto de autonomías– o la política de acogimiento de los menores inmigrantes.
Moreno siempre ha sido crítico con estas cuestiones. Pero sin exagerar en exceso. Lo que ha cambiado a partir del 11-M es el tono, en consonancia con el contexto político vigente. El Quirinale empieza a ser mucho más vehemente, encendido y rotundo con estos temas. Ya no repara en matices.
Quizás porque la mejor táctica para disimular una debilidad interna –San Telmo ya no cuenta con autonomía política plena– es distraer la atención general en dirección a un adversario exterior, una cuestión que liga al PP con los ultramontanos bastante más que su propio acuerdo de gobierno.
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada