¿Fue Carme Manrubia novia de Mercè Rodoreda?
Por Francesc Bombí Vilaseca — Portada
Contenido solo para suscriptores ¿Fue Carme Manrubia novia de Mercè Rodoreda?
Correspondencia inédita
Se publican por primera vez las cartas de la escritora con tres amigas
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Mercè Rodoreda, en Suiza en 1967
Arxiu Mercè Rodoreda de l’Institut d’Estudis Catalans

Barcelona
11/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Literatura, sí, pero también dietas, ropa, dolores de muelas, dinero, interpretación de los sueños, encuentros pasados y futuros… Durante unos cuantos años, a partir de los sesenta y hasta su muerte, Mercè Rodoreda (Barcelona, 1908-Girona, 1983) se escribió cartas con algunas de las amigas que había conocido trabajando en el Comissariat de Propaganda de la Generalitat durante la guerra, recogidas ahora en Cartes a les amigues retrobades. De la Catalunya republicana a Romanyà (Sidillà), a cargo de Anna Maria Saludes Amat y Araceli Bruch Pla.
La guerra y el exilio había separado la escritora, Susina Amat (Barcelona, 1912-1983), Julieta Franquesa (Barcelona, 1910-Ginebra, 1987) y Carme Manrubia (Almería, 1916-Girona, 1998), hasta que dos décadas más tarde se van encontrando y con la reanudación de la relación vuelven las cartas. La edición es una muestra de amistad, ya que Saludes, que falleció el pasado octubre, justo antes de dejar terminado el libro, era hija de Amat y también compartió tiempo y cartas con la escritora, mientras que Bruch la conoció a finales de los setenta, cuando llevó al escenario primero un montaje teatral a partir de sus cuentos, La sala de les nines –entre otros participaron Maria- Mercè Marçal, Maria del Mar Bonet, Marina Rossell, Nina Pawlowsky y Joan Oller–, y más tarde L’Hostal de les tres Camèlies, la única obra teatral que Rodoreda vio representada en vida, y que este próximo noviembre llegará al TNC con dirección de Carme Portaceli.
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Desde Ginebra, París, Viena, Barcelona y Romanyà de la Selva, Rodoreda escribe 170 cartas, hasta ahora custodiadas por la Fundació Mercè Rodoreda y destinadas a estudiosos, y que al fin han dejado de ser inéditas. El 10 de mayo de 1972, por ejemplo, la autora de La plaça del Diamant escribe desde Ginebra a Susina Amat: “Querida Mona de Pascua: […] Yo, por creerte, no tomo pastillas para cortar el hambre y ya peso sesenta kilogramos en vez de pesar cincuenta y cuatro, que es mi peso normal. Mañana empezaré a atiborrarme ”.
Amat, desde Barcelona, le contesta: “Querida y dilecta amiga de la Mona de Pascua: Me parece que me haces un poco de chantage. Primero con mi deseo de tenerte cerca y ahora con la amenaza de las pastillas. ¿Es que no recuerdas que la toma de la Pastilla fue el comienzo de una gran revolución? ¡En serio, Mercè, un poco de cordura! […] No tienes derecho a estropear la salud de la mejor escritora en lengua catalana. Ni tampoco la de mi amiga más querida. Las pastillas no sirven para nada que no sea perjudicar. […] Si la moda está en los esqueletos, la equivocada es la moda, no tú. Las otras mujeres tienen que ponerse en tu peso. ¡Ya que a tu nivel no podemos!”.

Unos días más tarde, la escritora le dice que ha “encontrado una “pastilla mágica e inofensiva: comida sin sal, o casi nada de sal. Ahora mismo tengo col y zanahoria hervida a punto de devorar y retrocedo como si tuviera enfrente un plato sopero lleno de ranas vivas. A ver qué pasará”.
“He encontrado una pastilla mágica e inofensiva: comida sin sal. […] Tengo col y zanahoria hervida a punto de tapizar”
A Julieta Franquesa, el 23 de 1975, le escribe: “No puedo andar demasiado rato porque la rodilla se me carga y todos los músculos del muslo. Eso que hago un régimen de verduras y espárragos de lata –que dan poco trabajo– y de agua mineral en grandes dosis… y ni una gota de alcohol. Tengo unas ganas de beber un güisqui, aunque esté aguado…”.
A menudo en las cartas se ponen al día sobre las otras amigas, también, y Rodoreda a menudo les pone al día de novedades literarias o editoriales –algunas traducciones al castellano, checo o japonés–, de algún artículo sobre ella, o de lo que está escribiendo ya sean cuentos o sus grandes novelas o el teatro, tan poco conocido. Otras veces, en cambio, las cartas de Rodoreda tienen motivos prácticos, en especial las que se envían con Franquesa, ya que también vive en Suiza –antes de reanudar el contacto, se encuentran por casualidad en el autobús– y la escritora le pide ayuda en gestiones a distancia, como recogerle el correo que se le acumula.

Una parte de la correspondencia con Manrubia también es de este tipo, cuando ya tiene domicilio en Romanyà, primero en su casa y después en la que se construye, pero el contenido de unas cuantas de las que Manrubia le manda, en noviembre de 1973, es de un cariz entre espiritual y sentimental. “Ahora me siento brotar y tengo un brote tan exagerado que si no me sé parar quizá quedaré ahogada por exceso de ramas y de hojas. Te necesito Mercè, necesito que te rías de mí y con tu equilibrio frenes una imaginación que se me lleva no sé en dónde”, dice en una de ellas. Y en otra: “Hay cosas que no habría que decir nunca. En nuestro interior nace una vaga, aunque fuerte, impresión de que uno no quiere recoger con el pensamiento para no darle forma concreta. La rechaza incipiente por miedo a descubrir su significado”. Más adelante, las cartas de Manrubia volverán a la cotidianidad, pero ella destruyó las de Rodoreda, de quien solo ha quedado un borrador.
¿De qué naturaleza fue su relación? Bruch está convencida de que fueron, simplemente, muy buenas amigas. “ Manrubia se enamoró de Rodoreda, pero es que de algún modo se enamoraron todas, porque ella era un faro, y a veces parecía que competían a ver a quién la quería más. A Rodoreda le fue bien ir a Romanyà, donde compartieron su pasión por las plantas y ella fue muy feliz”.
Araceli Bruch reivindica el teatro
Además de las cartas de Rodoreda, el libro contiene una profusión de notas que las ponen en contexto, junto a una introducción que explica detalladamente el proceso hasta llegar a la edición. También está enriquecido con tres retratos que Saludes escribió de Amat, Franquesa y Manrubia, a las que conoció bien; un texto del estudioso Giuseppe Grilli, que sale citado de vez en cuando en la correspondencia, y un apéndice fotográfico y documental.
Finalmente, Araceli Bruch ha podido reivindicar no solo el teatro de la escritora, sino deshacer un malentendido de hace años. Se había dicho que a causa de la mala recepción que tuvo la puesta en escena de L’Hostal de les tres Camèlies, en 1979 en Sitges, Rodoreda se había desanimado como dramaturga, lo que Bruch desmiente explicando la relación que estableció con la escritora, quien poco después le había mandado una nueva obra, El maniquí, que no se llegó a representar hasta 1999.
Durante años, Bruch trabajó por dar a conocer e impulsar la faceta teatral de Rodoreda, que finalmente se recogió con edición de Enric Gallén y Gerard Guerra en el 2019 (Fundació Mercè Rodoreda del Institut d’Estudis Catalans), y que recoge Un dia, La senyora Florentina i el seu amor Homer, El maniquí, El parc de les magnòlies, L’hostal de les tres camèlies y las inacabadas Maria-Blanca, Joc de bruixes y Sense títol.
Mariàngela Vilallonga, catedrática emérita de la UdG y experta en la escritora, tiene otra visión, extraída del estudio también de Manrubia, de quien prepara una biografía. Para ella, no hay duda de que la relación que tuvieron fue como pareja. Pero agradece que finalmente “que las cartas estén al alcance de todo el mundo, y que cada uno pueda hacer su interpretación. Publicar epistolarios de escritores es como sacar las vendas a las momias egipcias”. En todo caso, ahora es de los lectores.
¿Quedan inéditos? Quedan cartas, todavía, así como un breve dietario escrito en una libreta tras la muerte de Joan Prat, Armand Obiols, la pareja de la escritora, que Vilallonga asegura que es “muy crudo”, pero no sabe si se llegará a publicar. Rodoreda no se acaba nunca.

Francesc Bombí-Vilaseca
Redactor de Cultura. Autor de ‘Febre amb gel (Fonoll, 2023) y ‘Roger Mas. La pell i l’os’ (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)
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