Muere Cristóbal Colón, fundador y alma de La Fageda

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Por Redacción La VanguardiaPortada

Muere Cristóbal Colón, fundador y alma de La Fageda

Obituario

El impulsor de la cooperativa láctea radicada en Olot fallece a los 77 años 

Cristóbal Colón, en La Fageda

Cristóbal Colón, en La Fageda

 Agustí Ensesa / Colaboradores

Redacción La Vanguardia

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Barcelona

10/09/2026 17:37 Actualizado 10/09/2026 17:49 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Cristóbal Colón, fundador y alma de La Fageda, ha fallecido este jueves dejando tras de sí una de las iniciativas empresariales y sociales más singulares de Catalunya y España. Psicólogo de formación, creó en 1982 junto con su esposa, Carme Jordà, un proyecto que nació para devolver la dignidad a personas con trastornos mentales y discapacidad intelectual a través del trabajo. Más de cuatro décadas después, aquella idea que muchos consideraron un sinsentido se ha convertido en una organización que atiende a más de 600 personas y en una marca de alimentación ampliamente reconocida y rentable.

Colón solía decir que no aspiraba a tener “una buena vida”, sino “una vida buena”. La distinción resume su manera de entender la existencia y también la empresa. La Fageda nunca fue concebida como un negocio lácteo que incorporaba una vertiente social, sino como un proyecto social que necesitaba una estructura empresarial sólida para sobrevivir. Los yogures eran el medio, pero el objetivo era que personas apartadas durante años de la sociedad pudieran sentirse realizadas y parte de una comunidad.

Nacido en 1949 en Zuera (Zaragoza), procedía de una familia humilde. La muerte prematura de su padre le obligó a empezar a trabajar a los 14 años como aprendiz de sastre en el taller de un tío. Aquel oficio le inculcó el gusto por el trabajo bien hecho y la paciencia propia del artesano, dos rasgos que después trasladaría a La Fageda.

Su trayectoria estuvo lejos de ser lineal. Se interesó por el marxismo, militó políticamente y pasó por prisión durante el franquismo. Con 22 años entró a trabajar como celador en un sanatorio psiquiátrico de Zaragoza. La experiencia le marcó profundamente. Los entonces llamados manicomios eran lugares de aislamiento donde, según explicaría años después, el sufrimiento terminaba borrando la dignidad de las personas. Más tarde estudió Psicología Clínica en la Universitat Autònoma de Barcelona y se especializó en laborterapia.

Durante su trabajo en distintos hospitales psiquiátricos conoció a Carme Jordà, psicóloga y compañera inseparable en su aventura personal y profesional. Ambos compartían el convencimiento de que las ocupaciones ficticias que se ofrecían a los internos tenían poco efecto terapéutico. No bastaba con entretenerlos, sino que necesitaban un trabajo de verdad, útil para otros, con un producto que alguien quisiera comprar y por el que recibieran un salario.

En 1982, Colón abandonó la institución psiquiátrica de Salt acompañado de Jordà, otros profesionales y una quincena de pacientes. Se instalaron en una sala del convento del Carme de Olot, cedida por el Ayuntamiento, sin dinero y sin saber todavía qué producir. Empezaron realizando trabajos para otras empresas y pintando figuras artesanales. Después llegó una brigada de jardinería, un vivero forestal y, finalmente, una granja en la finca Els Casals, en Santa Pau, en pleno parque natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.

La fabricación de yogures no comenzó hasta 1993. El primer pedido fue para el hospital Vall d’Hebron de Barcelona y el primer comercio que los vendió fue el supermercado Màxim de Olot. La apuesta parecía temeraria. Una pequeña cooperativa local pretendía competir con las grandes multinacionales del sector. Colón encontró la respuesta en la calidad y en el control de todo el proceso, desde el cuidado de las vacas hasta la llegada del producto al supermercado. 

La Fageda amplió después su actividad a los helados, las mermeladas, los postres y los servicios de jardinería. También creó residencias, pisos asistidos, servicios ocupacionales y programas de inserción laboral. Su modelo acabó estudiándose en escuelas de negocios como IESE, Esade o Harvard porque demostraba que la rentabilidad y la excelencia empresarial podían estar al servicio de un propósito social.

Colón desconfiaba de las etiquetas y prefería hablar de personas con capacidades diferentes. Defendía que el trabajo no debía servir únicamente para obtener un sueldo, sino también para construir la identidad y recibir reconocimiento. “El sentido de la vida es una vida con sentido”, repetía. En su último gran discurso público, al ingresar como académico de honor de la Real Academia Europea de Doctores, sostuvo que el ser humano conserva una dignidad inviolable incluso en la fragilidad de la enfermedad mental.

En marzo del 2024 dejó la presidencia y la dirección general de La Fageda tras haber preparado durante más de una década su relevo. Sílvia Domènech asumió la dirección general y Josep Maria Bonmatí, la presidencia, mientras él pasó a ser presidente de honor. Quería garantizar que el proyecto perdurara más allá de su fundador, quizá la prueba más difícil para cualquier iniciativa tan vinculada a una personalidad extraordinaria.

Recibió, entre otras distinciones, la Creu de Sant Jordi, la Medalla de la Ciudad de Olot y el doctorado honoris causa de la Universitat de Girona. Sin embargo, su principal legado permanece en la Garrotxa. Allí, entre hayas y volcanes, centenares de personas encontraron un empleo, una comunidad y un lugar en el mundo. Cristóbal Colón decía que La Fageda no se dedicaba realmente a fabricar yogures, sino a que las personas se reconocieran mutuamente. Esa fue, al final, la empresa de su vida.

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