¿Cómo aparece la sensación de ser uno mismo, de recordar y de proyectarnos hacia el futuro?
Por Autor Generico — Portada
¿Cómo aparece la sensación de ser uno mismo, de recordar y de proyectarnos hacia el futuro?
Lectores Expertos
Hoy conocemos con un grado de precisión inimaginable hace poco tiempo cómo está organizado el cerebro

El cerebro humano está en continuo estudio.
Getty Images
Amadeo Muntané
Barcelona
10/09/2026 05:30 Síguenos en Google
* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia
La neurociencia ha experimentado en las últimas décadas un desarrollo extraordinario. Hoy conocemos con un grado de precisión inimaginable hace poco tiempo cómo está organizado el cerebro, cómo se comunican sus neuronas y qué estructuras y circuitos participan en funciones tan diversas como la percepción, el movimiento, la memoria, el lenguaje o la toma de decisiones.
Podemos observar qué regiones cerebrales se activan cuando una persona percibe un estímulo, recuerda una experiencia, habla o realiza un determinado movimiento. También podemos comprobar cómo una lesión cerebral puede alterar de manera selectiva el lenguaje, la memoria, la capacidad de reconocer objetos o incluso determinados aspectos de la personalidad.
Sin embargo, cuanto más conocemos el cerebro, más evidente parece una cuestión que continúa sin una respuesta definitiva: ¿cómo se relaciona toda esa actividad neuronal con nuestra experiencia consciente?
Sabemos describir muchos de los procesos que acompañan a una experiencia mental. Podemos estudiar los circuitos neuronales implicados en la percepción del color, en la sensación de dolor o en la recuperación de un recuerdo. Pero existe una diferencia entre describir los mecanismos cerebrales asociados a una experiencia y explicar por qué esos mecanismos van acompañados de una experiencia subjetiva.
¿Por qué el rojo «se ve» como rojo? ¿Por qué el dolor no es únicamente una determinada actividad eléctrica y química, sino también una experiencia que alguien experimenta? ¿Cómo aparece la sensación de ser uno mismo, de recordar nuestro pasado y de proyectarnos hacia el futuro?
Una hipótesis diferente: el Elemento α
Es precisamente ante este problema donde se plantea la hipótesis del Elemento α. La propuesta parte de una posibilidad: que la actividad mental pueda ser el resultado de una unidad funcional en la que intervengan el sistema neuronal y un componente denominado Elemento α.
Según este modelo, la relación entre ambos no sería la de dos entidades independientes, ni pretende recuperar el tradicional dualismo entre cuerpo y mente. Se trataría, por el contrario, de un único sistema funcional integrado. En esta propuesta, la interacción entre la actividad neuronal y el Elemento α estaría mediada por lo que el modelo denomina Información I.
El planteamiento es deliberadamente ambicioso, pero también debe ser entendido con cautela. El Elemento α no se presenta como una entidad demostrada experimentalmente. Tampoco pretende sustituir los conocimientos actuales de la neurociencia. El cerebro continuaría siendo una condición necesaria para la actividad mental y todos los conocimientos acumulados sobre anatomía, fisiología, bioquímica, genética y plasticidad cerebral seguirían siendo fundamentales.
La hipótesis plantea algo más concreto: que quizá esos conocimientos, aun siendo indispensables, no sean suficientes para explicar determinados aspectos de la experiencia consciente.
De la especulación a la ciencia
Aquí aparece la cuestión verdaderamente importante. Proponer una hipótesis es relativamente sencillo. Lo difícil es convertirla en una propuesta científica capaz de enfrentarse a la realidad.
El Elemento α solo podrá adquirir verdadero interés científico si consigue ir más allá de una explicación conceptual y permite formular predicciones que puedan ser contrastadas experimentalmente. Ese es el punto en el que una hipótesis se separa de una mera especulación.
Si el modelo predice determinados fenómenos que posteriormente pueden ser observados y que no encuentran una explicación satisfactoria en los modelos existentes, su interés científico aumentará. Si sus predicciones no se cumplen, deberá ser modificado o abandonado. Y si los mismos fenómenos pueden explicarse de manera más sencilla mediante mecanismos neurobiológicos conocidos, la hipótesis perderá fuerza.
Esta condición no constituye una debilidad del modelo, sino precisamente una exigencia de cualquier propuesta que aspire a formar parte del conocimiento científico.
Una propuesta abierta
La historia de la ciencia está llena de hipótesis que fueron posteriormente abandonadas. Pero también está llena de ideas que, inicialmente minoritarias, contribuyeron a modificar nuestra manera de comprender la realidad.
Por ello, el propósito de la hipótesis del Elemento α no debería ser proclamar que ha encontrado la respuesta al problema mente-cerebro. Sería prematuro hacerlo. Su verdadero propósito es mucho más modesto y, al mismo tiempo, más interesante: proponer un marco conceptual que permita formular nuevas preguntas y, eventualmente, diseñar experimentos capaces de ponerlo a prueba.
La cuestión fundamental no es, por tanto, si debemos aceptar o rechazar de antemano la existencia del Elemento α. La cuestión es otra: ¿Puede esta hipótesis generar predicciones que permitan distinguirla de las explicaciones que ya conocemos?
Si la respuesta es afirmativa, habrá una razón para investigarla. Si no lo es, permanecerá en el ámbito de la especulación. Ese límite debe quedar claro.
La neurociencia seguirá avanzando y probablemente descubrirá nuevos mecanismos capaces de explicar aspectos de la mente que hoy consideramos misteriosos. También es posible que algunos de los interrogantes actuales terminen encontrando una explicación enteramente neurobiológica. Pero también cabe la posibilidad de que el conocimiento del cerebro nos conduzca hacia preguntas todavía más profundas.
La hipótesis del Elemento α se sitúa precisamente en ese territorio: entre lo que ya conocemos y aquello que todavía no sabemos explicar. No pretende cerrar el problema mente-cerebro. Pretende abrir una nueva vía para investigarlo. Y, en ciencia, una buena pregunta puede ser a veces tan importante como una buena respuesta.
¿Quiere saber más?
Artículo científico
1
Muntané A. The Element α Hypothesis: An Integrative Model of Brain Functioning, Consciousness, and Mental Activity. EC Neurol. 2026;18(8):01-25.
* El Dr. Amadeo Muntané Sánchez es especialista en Radiodiagnóstico y Neurorradiología, Tratamiento intervencionista del dolor mediante Alta Tecnología (TAC). Hospital de Barcelona. HM Delfos. Hospital CIMA
Lee también

La importancia de la prevención del ictus
Amadeo Muntané

La alta tecnología en el estudio del cerebro
Amadeo Muntané
■ ¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR EN LA COMUNIDAD DE LA VANGUARDIA?
¡Participa!
¿Quieres compartir tus conocimientos
Si tienen interés en participar en Lectores Expertos pueden escribir un email a la dirección de correo de nuestra sección de Participación (participacion@lavanguardia.es) adjuntando sus datos biográficos y el texto que proponen para su publicación.
Mostrar comentarios
Fonte: Portada