Bailén, el pueblo de Jaén donde el ejército de Napoleón sufrió su primera gran derrota en campo abierto
Por Ada Sanuy — eldiario.es – eldiario.es

El 19 de julio de 1808, las tropas españolas consiguieron una victoria decisiva frente al ejército francés. El enfrentamiento precipitó la retirada de José Bonaparte de Madrid y alteró el desarrollo de la Guerra de la Independencia
Patones de Arriba, el pueblo de pizarra que, según la leyenda, Napoleón nunca encontró
Bailén, una localidad de la provincia de Jaén, fue escenario de uno de los acontecimientos militares más importantes de la Guerra de la Independencia española. El 19 de julio de 1808, las tropas dirigidas sobre el terreno por el general Teodoro Reding, bajo el mando superior de Francisco Javier Castaños, derrotaron al ejército francés del general Pierre Dupont. Fue la primera gran derrota de las fuerzas napoleónicas en una batalla campal, un resultado que cuestionó su reputación de invencibilidad y tuvo consecuencias más allá de Andalucía. La capitulación francesa, formalizada tres días después, precipitó la salida de José I de Madrid y abrió una nueva fase del conflicto, en la que Napoleón acabaría interviniendo personalmente en la Península.
El enfrentamiento se produjo apenas dos meses después del levantamiento del 2 de mayo de 1808 contra la ocupación francesa. En Andalucía, la Junta de Sevilla había organizado un ejército compuesto por militares profesionales y voluntarios, al que se incorporaron efectivos procedentes de Granada. Su propósito era enfrentarse a las fuerzas imperiales e impedir que pudieran retirarse sin obstáculos hacia el norte. Mientras tanto, Dupont había recibido la misión de avanzar hacia el sur para proteger y rescatar a la escuadra francesa bloqueada en Cádiz. Sin embargo, la rendición de aquellos buques y las noticias sobre la concentración de tropas españolas modificaron sus planes. Después de avanzar hasta Córdoba, el general francés regresó a Andújar, donde esperaba reunir sus efectivos.
La estrategia española consistía en ejecutar una maniobra envolvente para dificultar la retirada francesa. Castaños avanzó hacia Andújar, mientras Reding operaba por el sector de Mengíbar, donde rechazó a las tropas enemigas que defendían los pasos del Guadalquivir. Estos movimientos llevaron al general francés Dufour a interpretar que los españoles pretendían cortar las comunicaciones por Despeñaperros, por lo que decidió desplazar sus fuerzas hacia el norte y dejó Bailén desguarnecido. Vedel, enviado para reforzar aquella posición, tampoco permaneció en la localidad y continuó hacia La Carolina. Cuando Dupont emprendió la retirada desde Andújar, encontró el camino ocupado por las tropas de Reding y del marqués de Coupigny, que habían establecido sus posiciones en las inmediaciones de Bailén.
El calor y la falta de agua, factores decisivos
La batalla comenzó alrededor de las tres de la madrugada del 19 de julio, cuando las avanzadillas francesas se encontraron con las posiciones españolas. Durante las horas siguientes, Dupont intentó abrirse paso mediante sucesivos ataques de infantería y caballería, pero la resistencia organizada por Reding impidió que rompiera las líneas defensivas. La artillería española, situada en posiciones estratégicas y dotada de piezas de mayor alcance y potencia que buena parte de las francesas, desempeñó un papel fundamental. El ejército de Dupont, por su parte, tuvo que iniciar sus ofensivas sin disponer de todos sus efectivos reunidos y bajo la amenaza de que las fuerzas de Castaños aparecieran por su retaguardia.
Episodio de la batalla de Bailén, de Ricardo Balaca (Museo del Prado)
A medida que avanzaba la jornada, las elevadas temperaturas de julio agravaron las dificultades de los soldados. La disponibilidad de agua se convirtió en una ventaja para el ejército español, que recibía suministros desde Bailén tanto para sus hombres como para refrigerar las piezas de artillería. Los franceses, en cambio, comenzaron a sufrir los efectos de la sed, el cansancio y las bajas acumuladas. Hacia las doce y media del mediodía, Dupont lanzó un último ataque que volvió a fracasar ante las posiciones españolas y solicitó la suspensión de las hostilidades para negociar su rendición. La batalla, sin embargo, todavía no había terminado por completo: las tropas francesas de Vedel llegaron posteriormente a la retaguardia de Reding, atacaron las posiciones españolas y ocuparon el Cerro del Ahorcado. Dupont acabó ordenándoles que suspendieran la ofensiva y se reanudaron las conversaciones.
La capitulación se firmó el 22 de julio en una casa de postas situada entre Bailén y Andújar, cerca de Villanueva de la Reina. Sus condiciones afectaron también a las unidades francesas de Vedel y Dufour, que no habían participado en los combates principales contra Dupont. La derrota supuso la rendición de miles de soldados y tuvo importantes repercusiones políticas y militares. José Bonaparte abandonó Madrid y se retiró hacia Vitoria, mientras las fuerzas francesas retrocedían hacia el norte. La victoria española también reforzó la necesidad de establecer una autoridad común que coordinara la resistencia, un proceso que desembocó en la constitución de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino.
María Bellido y la memoria de la batalla
La participación de los habitantes de Bailén ocupa un lugar destacado en el recuerdo de aquel enfrentamiento. Una de las figuras más conocidas es María Bellido, protagonista de una historia transmitida por la tradición local. Según este relato, la mujer llevaba agua a los soldados españoles cuando una bala francesa atravesó el cántaro con el que estaba dando de beber al general Reding. Lejos de abandonar su tarea, continuó abasteciendo a los combatientes. El episodio quedó incorporado a la simbología del municipio, cuyo escudo incluye un cántaro agujereado y un águila francesa representada boca abajo. Más allá de esta tradición, el suministro de agua por parte de la población constituyó una ayuda importante para las tropas españolas durante el combate.
Más de dos siglos después, Bailén conserva la memoria de aquella jornada a través de su Museo de la Batalla, situado en el número 19 de la calle Pérez Galdós. El espacio ofrece una exposición permanente distribuida en cuatro plantas, con reproducciones de uniformes, armas, documentos y objetos relacionados con los protagonistas del enfrentamiento. Entre sus piezas destaca una maqueta del campo de batalla con cerca de un millar de soldados de plomo pintados a mano, cedida por el Museo del Ejército. La localidad también celebra actos conmemorativos en julio y recreaciones históricas bienales en octubre. Estas iniciativas permiten conocer tanto el desarrollo de la batalla como sus consecuencias, en el contexto de una guerra que todavía se prolongaría hasta 1814.
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