La respuesta es Europa
Por Joseba Díez Antxustegi — Portada

Portavoz del EAJ-PNV en el Parlamento Vasco
La respuesta es Europa
Tribuna
21/10/2026 06:00 Actualizado 21/10/2026 06:57 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
¿Para qué se construyó Europa? Durante años pareció una pregunta de manual de historia. Hoy, cuando muchas de las amenazas que llevaron a levantarla han regresado, es la más actual que podemos hacernos.
No se puede entender el europeísmo en Euskadi sin EAJ-PNV. Sin José Antonio Agirre, Manuel de Irujo o Xabier Landaburu. Sin una generación que, tras conocer la guerra, el exilio y el totalitarismo, entendió que la respuesta era Europa, más Europa. Y acertaron. El federalismo de Landaburu no pretendía levantar nuevas fronteras, sino construir una Europa en la que pesaran menos y en la que la democracia, la libertad y los derechos de las personas estuvieran por encima de la confrontación entre estados.
No se trata de construir una Europa contra nadie sino de que pueda decidir su propio futuro
Ese es el europeísmo en el que se formó EAJ-PNV. Por eso hoy hay que decir algo sencillo, pero con más sentido que nunca: necesitamos más Europa, no menos.
Abundan los populismos, los discursos que convierten al adversario en enemigo y la idea de que cada país puede resolver por separado desafíos que son globales. Esa radicalización puede venir de cualquier extremo, y debemos alejarnos de todos los radicalismos. Hacerlo no significa mostrar debilidad. Al contrario, es una reivindicación de la radicalidad del proyecto europeo en su sentido etimológico, el más político: volver a sus raíces.
El mercado común fue una de ellas: que la interdependencia económica hiciera más difícil volver a la guerra. Pero Europa es más que un mercado. Nació como un espacio común de democracia, libertad, estabilidad y seguridad, sobre la convicción de que la diversidad de nuestros pueblos debía conducir a la cooperación y no al enfrentamiento. Y no se construyó porque todos pensaran lo mismo, sino porque democristianos, socialdemócratas, liberales y otras tradiciones democráticas antepusieron los objetivos comunes a sus diferencias.
Esa cultura de la cooperación es hoy más necesaria que nunca. La transformación digital, la demográfica o una inteligencia artificial que todavía nos deja más preguntas que respuestas van a cambiar nuestra manera de trabajar, de producir y de relacionarnos. Lo que está en cuestión no es solo cómo mantenemos nuestro modelo de bienestar, sino si somos capaces de hacerlo.
También aquí Europa es la respuesta. Una economía industrial como la vasca debe formar parte de las cadenas de valor europeas y necesita energía competitiva y segura, tecnología, materias primas, talento e investigación. Pero Euskadi no debe preguntarse solo qué puede conseguir de Europa, sino también qué puede aportar: su experiencia industrial, su capacidad tecnológica, su sistema de formación, la colaboración público-privada y su posición en el Arco Atlántico.
Hay otra cuestión, quizá más incómoda, que no podemos esquivar: Europa tiene que ser capaz de defenderse. La guerra ha vuelto al continente y sabemos que la seguridad energética, la protección de las infraestructuras críticas o la ciberseguridad forman parte de nuestra propia seguridad. Lo mismo ocurre con unas fronteras exteriores que Europa debe gestionar con corresponsabilidad y control. Necesitamos una verdadera política europea de seguridad y defensa: una Europa capaz de proteger sus fronteras sin renunciar a sus valores, de cooperar con sus aliados sin renunciar a una capacidad propia y de defenderse sin dejar de ser democrática.
Agirre y Landaburu miraban hacia una Europa que impidiera que el continente volviera a destruirse. Nosotros tenemos que mirar hacia una Europa capaz de defender la democracia, la libertad y el bienestar en un mundo más competitivo e inestable. No se trata de construir una Europa contra nadie, sino de que pueda decidir sobre su industria, su energía, su tecnología, su seguridad y su bienestar. En definitiva, sobre su propio futuro.
Para eso hace falta superar la tentación de convertir cada diferencia en una batalla identitaria. Y hace falta ambición, porque Europa necesita recuperar la confianza en su propio proyecto. La respuesta es más Europa. Más democracia. Más libertad. Y más capacidad para proteger lo que hemos construido.
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