Un riñón de cerdo vuelve a producir orina tras pasar un año a 150 grados bajo cero
Por Laura Francés Alarcón — Portada
Contenido solo para suscriptores Un riñón de cerdo vuelve a producir orina tras pasar un año a 150 grados bajo cero
Trasplantes
Una combinación de anticongelantes y nanopartículas permite recuperar parte de la función renal, aunque todavía no se ha demostrado su viabilidad para trasplantes a largo plazo

El procedimiento utiliza un sistema de calentamiento por inducción que permite elevar la temperatura del órgano desde su interior en menos de seis minutos
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19/10/2026 17:00 Actualizado 19/10/2026 17:07 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Conservar un órgano fuera del cuerpo durante días no consiste solo en mantenerlo frío, el verdadero desafío es lograr que funcione al recalentarlo. Un equipo de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) ha recuperado parte de la actividad de riñones de cerdo de tamaño próximo al humano después de almacenarlos a −150 °C. Uno permaneció allí 366 días y volvió a producir orina fuera del organismo. El estudio, difundido en bioRxiv, aún sin revisión por pares, abre una vía para almacenar órganos, aunque todavía no demuestra que puedan mantener con vida a un receptor.
Evitar el hielo sin intoxicar el órgano
Desde que se extrae un órgano, comienza una carrera a contrarreloj. Un riñón puede conservarse refrigerado alrededor de 24 horas, aunque cuanto antes se implante, mejores suelen ser las perspectivas de recuperación. El donante “puede estar en Motril, puede estar en Canarias” y el receptor en Bilbao, ejemplifica Ramón Risco, profesor titular de Física Aplicada de la Universidad de Sevilla e investigador del Centro Nacional de Aceleradores, ajeno al estudio. En España, de los 4.629 riñones extraídos de donantes fallecidos en 2025, 1.027 no llegaron a implantarse, según la Organización Nacional de Trasplantes. Los descartes tienen causas diversas, pero almacenar órganos durante meses permitiría evaluarlos y distribuirlos sin tanta urgencia.
En 2023, el equipo estadounidense ya había trasplantado riñones de rata conservados hasta 100 días. Ahora ha pasado de órganos de un gramo a otros de unos 100. El aumento de tamaño complica dos tareas: hacer llegar sustancias protectoras a todos los tejidos y controlar cómo se enfrían y recalientan.
La congelación convencional puede formar cristales de hielo que dañan células y vasos sanguíneos. La vitrificación, en cambio, lo evita al llevar los líquidos a un estado sólido semejante al vidrio. Ya se utiliza para conservar óvulos y embriones, pero en un órgano completo exige altas concentraciones de crioprotectores, sustancias que también pueden resultar tóxicas.

“Hemos fracasado muchas veces en el pasado”, reconocen Erik Finger y John C. Bischof, dos de los responsables de la investigación, en una respuesta conjunta a este diario. La mejora ha llegado tras ajustar la composición de los anticongelantes y el protocolo de enfriamiento y recalentamiento. Los autores desarrollaron un nuevo cóctel, PEZ42, que sustituye la formamida de su preparado anterior por propilenglicol, que favorece la vitrificación. También aumentaron la proporción de otros compuestos protectores.
Tras extraer los riñones, los conectaron a un sistema que hacía circular estas sustancias por sus vasos sanguíneos. Comenzaron con concentraciones bajas a cuatro grados y las aumentaron progresivamente, mientras reducían la temperatura hasta unos −15 °C para limitar su toxicidad. Una vez incorporados los crioprotectores, introdujeron nanopartículas de óxido de hierro recubiertas de sílice. Después enfriaron los órganos con nitrógeno hasta los 150 grados bajo cero.
Calentarlo como una cocina de inducción
Al recalentarlo aparece el problema contrario: si el calor llega desde fuera, la superficie se calienta antes que el centro. En un órgano grande, esa diferencia puede favorecer la aparición de hielo y daños en los tejidos.

La solución aprovecha el mismo principio que una cocina de inducción. Al aplicar un campo magnético alterno, las nanopartículas de hierro distribuidas por el riñón generan calor. Cada una actúa como un diminuto foco de calentamiento dentro del órgano, consiguiendo pasar de −150 °C a unos 10 bajo cero en menos de seis minutos. A continuación, lavaron los riñones para retirar el cóctel introducido antes de evaluar su funcionamiento.
Producir orina no basta
Ocho riñones vitrificados fueron conectados durante dos horas a un circuito con sangre oxigenada a 37 grados. Se compararon con seis órganos frescos, nueve refrigerados 24 horas y nueve tratados solo con crioprotectores. Recuperaron circulación sanguínea, consumo de oxígeno y producción de orina, pero no toda su capacidad de filtración. Su aclaramiento de creatinina, una medida de la eliminación de desechos, fue aproximadamente un tercio del registrado en los conservados 24 horas en frío. El riñón almacenado un año produjo menos orina que la mayoría, conservados entre uno y siete días.
Además, los autores trasplantaron tres riñones vitrificados a cerdos. Recibieron sangre y produjeron orina inmediatamente, pero solo se observaron durante dos horas y presentaron más lesiones vasculares y hemorragias que los controles. Los riñones tratados solo con crioprotectores obtuvieron resultados similares a los vitrificados. Esto apunta a la toxicidad de estas sustancias como posible causa principal del daño residual.

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Risco, que colaboró con John C. Bischof en el pasado y actualmente investiga otra vía de recalentamiento mediante ultrasonidos focalizados, destaca el salto de escala logrado. “Tener un órgano durante más tiempo es una auténtica revolución médica y social”, declara para La Vanguardia. Sin embargo, recuerda que para conseguirlo hay que someter al riñón a lo que en biología se denomina “una serie de insultos, una serie de agresiones”, entre ellos la exposición a los crioprotectores, el enfriamiento extremo y la incorporación de nanopartículas. Estas últimas, advierte, podrían distribuirse de manera irregular, provocando diferencias de temperatura durante el recalentamiento, además de resultar difíciles de retirar. De hecho, el estudio encontró restos de hierro en algunos tejidos.
Los investigadores se muestran muy optimistas respecto a la posibilidad de crear bancos de órganos y plantean que antes de utilizarlos para trasplantes, se podrían almacenar para estudiar enfermedades y probar tratamientos directamente sobre tejidos humanos. Por ahora, también han logrado reducir la toxicidad de los crioprotectores en corazones y vitrificar y recalentar hígados de rata, que recuperaron actividad metabólica, aunque todavía presentan dificultades para restablecer la circulación sanguínea y la producción de bilis.
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