Harar, la ciudad santa del islam donde hienas y hombres cenan juntos

0

Por Sergi Ramis — Portada

Harar, la ciudad santa del islam donde hienas y hombres cenan juntos

Mundo insólito

La urbe etíope fue destino de dos viajeros míticos: Richard Francis Burton y el poeta Arthur Rimbaud

Mercado árabe de Harar, Etiopía

Mercado árabe de Harar, Etiopía

Getty Images

Sergi Ramis

19/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

En el remoto sur etíope, Harar es una ciudad de gran importancia histórica. Se la considera la cuarta más sagrada del islam, tras La Meca, Medina y Jerusalén. Y, de hecho, solo hay que entrar en su núcleo histórico conocido como Jugal para comprobar que hay mezquitas por doquier (entre 92 y 99, según la fuente), además de tumbas de morabitos. La población es mayoritariamente musulmana en un país donde el cristianismo es la creencia más profesada.

Poco frecuente en esas latitudes africanas, Harar es una ciudad amurallada con un diseño urbano reconocible. Allí las construcciones son de piedra y adobe en lugar de materiales vegetales.

Los aficionados a la historia de la exploración reconocen Harar por ser destino de dos viajeros míticos: por un lado Richard Francis Burton, que disfrazado de mercader árabe penetró entre sus murallas en 1854, cuando el acceso a europeos estaba prohibido. No fue su única incursión en territorio vedado, también llegó a La Meca, nuevamente bajo ropajes locales y luciendo su don de lenguas (dicen que hablaba 29). No extraña que tradujera por primera vez al inglés Las mil y una noches, su vida también fue de fábula.

El poeta Arthur Rimbaud fue otro de los personajes históricos que recaló en Harar. De hecho, se puede visitar la casa que habitó, aunque haya quien ponga en duda que sea cierto que morara en ella, pues en la ciudad se afirma que el inmueble se edificó con posterioridad a su larga estancia en la década de 1880.

Un hombre alimenta a hienas en Jugal, la ciudad vieja de Harar
Un hombre alimenta a hienas en Jugal, la ciudad vieja de Harar Getty Images

Además de recuperar a estos iconos de la exploración, en Harar hay que deambular por las calles empedradas y escalonadas de Jugal e ir a parar a alguno de los tres mercados que se celebran regularmente en la calle: el cristiano (donde se vende carne de cerdo); el musulmán (donde no); y el oromo, frecuentado por personas de ese grupo étnico, animista y con tendencia a la carne de buey (cuando ello es posible).

La atracción más insólita de Harar sucede tras la puesta de sol. Hay que encaminarse a las cercanías del campo de fútbol para contemplar a los llamados “hombres hiena”. Se trata de personas que se acercan con cubos llenos de despojos de carne del mercado para alimentar a las hienas. Los temibles animales aparecen por docenas, con su siniestra risilla, y cogen al vuelo los pedazos que se les lanzan. E incluso tiran de algunos colgajos que los más osados de los alimentadores ofrecen con un palo sostenido por la boca.

Lee también

Gondar, la ciudad mítica de los emperadores etíopes

Gondar, la ciudad mítica de los emperadores etíopes

Víctor Vives

El lago Tana, las aguas que esconden el cofre dorado de las tablas de la ley

El lago Tana, las aguas que esconden el cofre dorado de las tablas de la ley

Sergi Ramis

El espectáculo, que dura pocos minutos, es perturbador y único. El origen de esta práctica podría estar en una larga sequía, que provocó que las hienas se acercaran a la ciudad para rebuscar entre las basuras y, de paso, devorar a algún despistado paseante nocturno. Los habitantes de Harar decidieron alimentarlas de manera voluntaria para que no se produjeran víctimas. Ello no impide que en alguna ocasión se hayan dado desgraciados accidentes, especialmente con niños o indigentes que dormían confiados en la calle.

Por lo anteriormente expuesto, no es buena idea pasear por Harar después del crepúsculo. De hecho, para acudir a la “cita” con las hienas lo más prudente es hacerse acompañar por alguien que conozca bien el laberinto –hay calles de solo medio metro de ancho– de la ciudad vieja y que haga lo propio al terminar el espectáculo, de regreso al hotel. 

Tampoco es aconsejable participar de la alimentación de unos predadores cuya potencia de mordida iguala a la del tiburón blanco. Mejor dejarlo para quienes tienen habilidad y práctica, aunque recibamos una invitación para ello.

Cómo llegar

Harar está a 500 kilómetros de la capital etíope, Adis Abeba. El aeropuerto más cercano es el de Dire Dawa, a 70 kilómetros de distancia, que se cubren con autobuses que emplean más de una hora en el recorrido.

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *