La unidad de la derecha
Por María Dolores García García — Portada

Directora adjunta
La unidad de la derecha
Sin permiso
18/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Es esta una campaña muy polarizada, pero los dos grandes partidos no son los únicos que juegan la partida. Quién queda en tercer o cuarto puesto también cuenta. Los partidos a la izquierda del PSOE han evidenciado su incapacidad para forjar una lista única que rentabilice la fórmula electoral vigente, mientras que en la derecha lo tienen bastante más claro.
El fracaso del llamado Frente Amplio (IU, Comuns, Sumar, Más Madrid) y de Podemos para concurrir a las elecciones con una sola papeleta inquieta relativamente al PSOE. En cinco comunidades (Valenciana, Baleares, Canarias, Aragón y Navarra) sí ha habido unidad y en los casos de Madrid y Catalunya los efectos de la división son menos perjudiciales para la izquierda. En el resto, el PSOE espera recibir los frutos del voto útil. Lo que ha perdido la izquierda por el camino ha sido la oportunidad de insuflar ilusión en su electorado y movilizarlo.
Colau llamó a Montero a las siete de la tarde del viernes y confirmó el fracaso de la unidad
Ada Colau, candidata del Frente Amplio, llamó el viernes hacia las siete de la tarde a Irene Montero para hacer un último intento de unidad, ofreciéndole un puesto relevante por Madrid (el segundo tras Emilio Delgado, de Más Madrid), pero Podemos se mantuvo firme en limitar los acuerdos a las autonomías mencionadas. La formación morada quiere seguir manteniendo las distancias. De hecho, ya fueron ellos quienes decidieron separarse después de las elecciones del 2023. Pero lo cierto es que el movimiento es muy arriesgado para su supervivencia.
Montero sufrió esta semana una muestra de desapego de sus bases. Sólo la votaron como candidata 24.000 seguidores en unas primarias online abiertas, la misma cifra que apoyó a Ione Belarra como secretaria general (primarias internas) hace un año, sin ningún ambiente electoral. Aunque no son situaciones comparables, cabe recordar que en las últimas autonómicas madrileñas la candidata de Podemos-IU obtuvo 158.000 votos y no logró entrar en la Asamblea. Montero no necesitará tantos, pero no lo tendrá fácil. La cara más visible de Podemos puede acabar diluida en el Grupo Mixto del Congreso (en el que hoy Podemos tiene cuatro escaños). Parece que los morados confían en que el apadrinamiento de Gabriel Rufián les salve la papeleta.

ERC defiende el arreglo con Podemos por el que los morados incluyen a dos candidatos en las listas republicanas (uno con opciones de salir) y Rufián hace campaña junto a Montero. Ha sido una forma de salvar la distancia cada día más grande entre el partido y su candidato. El futuro es imposible de aventurar, pero estas elecciones pueden marcar un punto de inflexión para la viabilidad de Podemos, o al menos de su actual dirección, así como una posible bifurcación en los caminos de ERC y Rufián. No es muy sostenible en el tiempo que el máximo representante de un partido en el Congreso arremeta contra “la cúpula” de la que forma parte y confiese que ha estado a punto de darle un portazo a su partido.
Todas estas cuitas han dejado en segundo plano un acuerdo más relevante, el del Frente Amplio y el PSOE en el Senado. En su día, un intento similar de Joaquín Almunia y Francisco Frutos fracasó, pero es cierto que se hizo en circunstancias muy diferentes, tras aquella “pinza” entre el PP e IU contra Felipe González. Una sola papeleta de izquierdas para la Cámara Alta era la única forma de competir para arrebatarle al PP la mayoría absoluta en el Senado, lo que resulta determinante a la hora de decidir nombramientos del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, que tan decisivos se han manifestado en esta legislatura, además de ser precisa ara posibles cambios constitucionales.
Es un contrapeso relativo a una eventual mayoría absoluta de la derecha en el Congreso, pero su importancia de cara al futuro reside también en que puede servir de germen para engrasar la relación de los socialistas con los partidos a su izquierda.
La prueba de la relevancia de esa alianza de izquierdas en el Senado es que ayer enseguida reaccionó Alberto Núñez Feijóo descalificando el acuerdo y, más significativo aún, Santiago Abascal insinuó que Vox podría tomar decisiones en los próximos días, que podrían ser no presentarse al Senado por algunas provincias en beneficio del PP, para impedir la mayoría progresista en esa Cámara “Altura de miras”, alegan los de Abascal.
Lejos quedan los tiempos en los que Pablo Casado le cantaba las cuarenta a Vox en el Congreso o Feijóo marcaba distancias con Abascal. También quedan atrás los choques en las diferentes comunidades que dieron pie a la salida de la formación de extrema derecha de los gobiernos autonómicos. El PP y Vox hace tiempo que no se pelean en público ni se pisan la manguera electoral. Ahora, además, Abascal podría estar dispuesto a sacrificar peones en aras una mayoría contundente.

Lola García
Directora adjunta
Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter ‘Política’, que se publica cada jueves, y de los libros ‘El naufragio’ y ‘El muro’, sobre el conflicto catalán
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