Fracasa la unión a la izquierda del PSOE
Por Editorial La Vanguardia — Portada

Fracasa la unión a la izquierda del PSOE 18/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El viernes expiró el plazo para presentar coaliciones ante las elecciones adelantadas del 29-N, que definirán las nuevas Cortes Generales. Todos los focos apuntaban hacia el espacio situado a la izquierda del PSOE, donde hasta última hora se han sucedido las conversaciones, se han postulado unos líderes y luego otros, se han propuesto diversas alianzas de distintas fuerzas y se ha alimentado la expectativa de poder integrarlas en una lista única. Algo que al fin no se ha logrado. Y no porque fuera imposible, como demuestra el pacto que sí se ha alcanzado en cuarenta provincias para presentar una candidatura conjunta al Senado. Sino, en buena medida, porque la formación morada se obstinó en dejar Madrid y Barcelona fuera de las negociaciones.
El resultado de tantos esfuerzos –emprendidos en febrero y formalmente definidos hace un mes, cuando se presentó el Frente Amplio– ha sido decepcionante, al menos, para quienes los han encarnado. Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, habló el viernes de fracaso sin ambages. Él fue uno de los primeros defensores de la unidad de la izquierda, mucho antes de que Pedro Sánchez adelantara las elecciones, contraviniendo su tantas veces proclamada intención de agotar la legislatura, al ver una oportunidad para dar la vuelta a las encuestas adversas gracias a la movilización social por el caso Maricarmen.
Pese a la similitud de programas y al ‘momento Maricarmen’, no habrá unidad a escala estatal
Al caer el telón de este vodevil –Rufián dixit –, la cosecha de acuerdos era magra. Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar llevaban tiempo expresando su deseo de acudir juntos bajo la denominación Frente Amplio. Pero Podemos, encabezado por Ione Belarra y con Irene Montero como candidata, exigió condiciones y nunca pareció dispuesto a fundirse en la iniciativa colectiva.
Estas y otras reservas han lastrado la convergencia de fuerzas. A última hora del viernes se habían logrado alianzas en algunas autonomías, entre las que destacaban la valenciana, donde se consiguió agregar a todas las fuerzas, incluida Podemos, en una papeleta única, y la canaria o la balear. Sin embargo, como ya se ha apuntado, la rigidez de la formación morada no permitió que se alcanzara la misma unidad en las circunscripciones de las comunidades de Madrid y Catalunya.
La incapacidad de los partidos situados a la izquierda del PSOE para formar un frente unitario nacional, pese a sus similitudes de programa, les pasará factura. En primer lugar, porque la fragmentación del voto se verá probablemente penalizada por la fórmula electoral en algunas circunscripciones en las que se reparten menos escaños. En el caso de Podemos, además, la baja participación en sus primarias constituye un indicio poco tranquilizador para los morados. En segundo lugar, porque esa incapacidad puede potenciar la desmovilización de un electorado que, como han admitido numerosos líderes, quería votar bajo una única bandera. Si se perdieran votos por esa causa, el PSOE podría recogerlos, al menos en parte, pero a costa de ver debilitarse los apoyos a su izquierda, donde Sumar consiguió 31 escaños en el 2023. En tercer lugar, porque se ha desaprovechado una coyuntura favorecida por el caso Maricarmen. Y, en cuarto lugar, porque en la actitud de ciertos líderes y fuerzas políticas ha pesado mucho la subordinación de los intereses colectivos del electorado de la izquierda alternativa a los intereses partidistas y a la alta autoestima de algunos dirigentes, incluidos aquellos que cosecharon reproches a su paso por el poder, años atrás.
La campaña electoral, decisiva para el futuro de España, se anuncia particularmente tensa
Cuando queda todavía mes y medio para las elecciones anticipadas, este fracaso de la izquierda es relevante por sí mismo y porque recuerda al resto de los contendientes que resulta siempre mejor atender los intereses expresados por el electorado que guiarse por los personalismos de ciertos dirigentes y las rencillas irreconciliables que enfrentan a algunos de ellos.
He aquí una constatación pertinente en toda ocasión, y acaso más en la actual, ante una campaña que se anuncia particularmente tensa y vendrá además precedida de una huelga general. Esta campaña es determinante para el futuro de España y requiere del mejor criterio de los grandes partidos. La precampaña, en la que ya se está apreciando que los argumentos suelen ser más de trazo grueso y demagógicos, no tanto propositivos, no está siendo en este sentido muy prometedora. Pero queda tiempo para corregir el rumbo, en interés de los propios partidos y, ante todo, del conjunto del país.
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